Aunque no es oro todo lo que reluce. Así como las criptomonedas brindan anonimato y ciertas garantías a sus usuarios, lo cierto es que esta joven tecnología aún presenta algunas debilidades que merecen ser tenidas en cuenta:
- Volatilidad. El eminente uso especulativo de las criptomonedas es su principal problema en la actualidad. Por ello, Bitcoin, la primera y más importante de estas monedas, superó los $66.000 en octubre de 2021, para ubicarse en menos de $40.000 en marzo de 2022. Los expertos señalan que la tendencia es que su precio se estabilice en los próximos meses. De hecho, ya han aparecido alternativas conocidas como “monedas estables”, una variedad de criptomonedas con un rango de fluctuación mínimo y, por tanto, mucho más útiles para empresas y usuarios.


- Regulación y fragmentación de monedas. Las criptomonedas, como Internet en sus inicios, abogan por ser una herramienta de democratización fuera de los gobiernos y las instituciones financieras. Si bien esto les otorga ciertas ventajas, también les impide estar cubiertos por mecanismos de protección como los Fondos de Garantía de Depósitos o el Fondo de Garantía del Inversor. Además, existen miles de tipos diferentes, por lo que es necesario que las preferencias de los clientes y el comercio electrónico estén alineadas.
- Energía y sostenibilidad. Es bien sabido que la minería, la serie de cálculos criptográficos complejos que aseguran y registran las operaciones de criptomonedas, requiere un alto consumo de energía y tiene un alto impacto ambiental. Según las estimaciones para 2021 del Índice de consumo de electricidad de Bitcoin de la Universidad de Cambridge, Bitcoin consume aproximadamente 143 teravatios hora (TWh) de electricidad al año, alrededor del 0,65% del consumo eléctrico mundial y más que países como Noruega, Chile o Suiza.